El régimen mediático
valenciano o cómo liberar Canal 9
Gonzalo
Montiel Roig
Editor de"El
jardin del bosco"
El PP en el
País Valenciano ha creado en estos años un régimen
de relaciones institucionales en el que los principales organismos
o estructuras de su proyecto de sistema se ajustan y trabajan
de manera conjunta al servicio de sus intereses... Sabedor de
la función social de los medios de comunicación
de masas (TV, radio y prensa) y de la importancia de su control
para completar el ajuste de un sistema social, el PP ha puesto
en marcha en los últimos años un alto nivel de
intervencionismo mediático. Mediante una trama opaca
de supuestas y aparentes relaciones contractuales, de filiación
ideológica o simplemente “amistosas” miembros
de la administración pública, obispos, empresarios,
incluso algunos sectores sindicales, se han confabulado para
sostener un proyecto social que alimenta (o alimentaba, hasta
la crisis) de manera ilimitada, el bienestar general y el enriquecimiento
fasto-inmobiliario-económico de los valencianos en apariencia
hasta el infinito. Esencial para el ajuste funcional de este
régimen era, sin duda, el concurso de los medios de comunicación
de masas en general, y los medios públicos en particular.
Algunas de las herramientas con las que han contado los sucesivos
gobiernos valencianos del PP han sido la eliminación
de la pluralidad ideológica en las industrias audiovisuales
y la distorsión de la realidad informativa y social a
través de los medios públicos de la radio televisión
valenciana (RTVV).
El reparto
de licencias de TDT sospechosamente coincidente con empresarios
y afines al Partido popular fue sólo la continuidad de
un trabajo previo e imprescindible: el PP puso la RTVV al servicio
único y exclusivo de reproducir las bases ideológicas,
simbólicas y culturales de un régimen “pepero”.
La televisión pública que “disfrutamos”
los valencianos y el obsceno espectáculo de manipulación
de los informativos de Canal 9 son sólo el resultado
“perfecto” de un sistema ajustado para cumplir con
los objetivos de una confabulación “perfecta”.
Las fuerzas
económico-políticas-religiosas que sostiene el
actual régimen valenciano, como suele ocurrir en los
regímenes instaurados en sociedades de base democrática,
han tenido que soslayar, con la ayuda inestimable de numerosos
técnicos y profesionales de la administración
pública, la máxima de que no se puede permitir
que “un derecho fundamental te estropee un gran proyecto”
y mucho menos un negocio. Y claro, entre los derechos que se
han ido por el sumidero en estos años hemos visto diluirse
el derecho a la información y el derecho de acceso a
los medios de comunicación de servicio público.
Ejemplo de
esta disolución de garantías básicas al
servicio del régimen tenemos varios, algunos afectados
por legislación aprobada en Les Corts recientemente por
el propio gobierno popular. Quizá el más llamativo
sea el que afecta a los informativos de Canal 9, que se encuentran
secuestrados por una dirección que vulnera de manera
impune el artículo 21 de la Ley de Creación de
la Entidad Pública Radio Televisión Valenciana
(Ley 7/1984 de la Generalitat Valenciana de 4 de julio):
“Se
facilitará el acceso de los grupos sociales y políticos
más significativos a los espacios de radio y televisión,
en base a criterios objetivos, como la representación
parlamentaria, la implantación sindical, ámbito
territorial de actuación y otros de análogo
carácter”.
A la ya tradicional
sobrerrepresentación del Partido Popular en los informativos
de la televisión pública valenciana y la ausencia
de representantes de otras formaciones políticas valencianas
y al ejercicio de apropiación partidistas de los escasos
espacios de supuesto debate o análisis político,
se ha sumado en las últimas semanas una nueva experiencia.
Se trata de la eliminación directa y sin matices en la
“realidad mediática” que Canal 9 construye
para el Partido Popular de toda referencia inteligible a los
supuestos casos de corrupción instruidos por el juez
Garzón (a denuncia de afiliados del propio partido popular,
por cierto), y que salpican o más bien arrastran a miembros
del PP y al propio President de la Generalitat.
Sin embargo,
este hecho, además de suponer un incumplimiento de las
bases de servicio público sobre las que se fundó
la RTVV, implica la clara vulneración de los principios
de funcionamiento que, para cualquier medio de difusión
audiovisual, establece la Ley 1/2006 de la Generalitat del Sector
Audiovisual. En concreto, el artículo 16 establece como
principios generales de la programación de las “emisiones
de las entidades o concesionarios que prestan los servicios
de televisión y de radiodifusión” el respeto
al pluralismo político, religioso, social, cultural,
ideológico y lingüístico. Así como
la “objetividad, veracidad e imparcialidad” de las
informaciones, y la “diferenciación en los contenidos
y formatos, lo que es información, de lo que es publicidad
o propaganda”. Entre estos principios básicos del
desarrollo del servicio público que ha de cumplir la
emisión audiovisual bajo concesión, se establece
también “la adecuada separación entre informaciones
y opiniones”.
Quien haga
un seguimiento de los informativos de la televisión pública
valenciana podrá comprobar que, de manera flagrante,
su principal papel es sostener una actitud no veraz en el ámbito
político y la puesta de los medios públicos al
servicio de la publicidad y la propaganda de los intereses del
PP.
En este contexto,
se entiende, mejor si cabe, la importancia que tendría
para la sociedad valenciana disponer de un Consell Audiovisual
que, de manera independiente, regulara o sancionara las actuaciones
contrarias a principios básicos de programación
que la propia ley establece. Pero, miserias de la historia reciente,
el PSPV de Joan Ignasi Pla aceptó consensuar una ley
que bloqueaba sine die la creación de ese órgano.
En la redacción de la citada ley, como en el marco de
la regulación autonómica de la actividad de RTVV,
el PP, con el apoyo y consenso inverosímil del PSOE,
aprobó la legislación que de facto bloqueaba la
puesta en marcha del Consell Audiovisual de la CV.
Sin Consell
Audiovisual, y con gran parte de las instituciones básicas
del sistema controladas por el régimen del PP valenciano,
la situación en la que nos encontramos en el País
Valenciano en relación con los medios de comunicación
públicos es la de una autopista sin límites de
velocidad y sin mecanismos de regulación o de sanción.
Los dirigentes populares van “lanzados” a toda velocidad
por esa autopista sin peajes que pagamos todos y en la que se
“conducen” sin el mínimo respeto a las normas
básicas de circulación. En el régimen del
PP se ha impuesto la ley del “más rápido”
y ha transformado una sociedad democrática en un régimen
en el que los medios públicos están secuestrados
y en la que nos quieren condenar al conjunto de los ciudadanos
a verlos pasar pisando el acelerador a toda velocidad.
En manos de
los ciudadanos está activar mecanismos de la sociedad
civil que hagan tambalear el actual sistema. Ningún régimen
ha cambiado realmente a partir de las estructuras que le dan
soporte y que ajustan su devenir. Tres líneas de actuación
podrían servir para afrontar la oposición a este
régimen. En primer lugar, es muy probable que lo que
está ocurriendo en Canal 9, de igual manera que el proceso
de concesión-concentración de licencias de TDT,
sea susceptible de ser llevado a los tribunales. Pero dado el
nivel de infiltración y de adscripción al régimen
de la judicatura, posiblemente esto sirviera para poco. Por
tanto, y en segundo lugar, es necesario activar la movilización
social, no sólo en la calle, sino también mediante
mecanismos alternativos de comunicación y de “correlación”
social que abran brechas en el régimen. Es necesario,
por tanto, activar nuevos liderazgos sociales y movilizadores
que desliguen a los ciudadanos de las fuentes de manipulación
y que debiliten la monolítica estructura. Es difícil,
pero no hay otro camino. En tercer lugar, la actual legislación
audiovisual valenciana sirvió para realizar la transposición
a nuestro ordenamiento jurídico de la directiva europea
de Televisión sin fronteras que recientemente ha sido
modificada de manera sensible. También el Gobierno español
tiene previsto promulgar una ley audiovisual de ámbito
estatal que establezca un nuevo marco para el ejercicio del
servicio público en materia de comunicación. Quizá
este nuevo contexto europeo y estatal haga necesario reformular
y corregir la legislación valenciana y sea la oportunidad
para dar la batalla por un nuevo modelo de estructura de comunicación
pública en el País Valenciano regulado, más
plural, más respetuoso con el derecho a la información
y con el ejercicio del servicio público de los medios.
En definitiva, conseguir que los valencianos dispongamos de
una estructura democrática de medios públicos
y no un régimen mediático popular.
publicat
en àgora del'esquerra
plural >25/02/09
> www.agoraplural.org