Manifiesto
de primavera
Ángeles
Cáceres
Escritora y periodista.
Han leído bien el título:
esto es un manifiesto. Y nace como consecuencia de reconsiderar
mi inveterada actitud personal de "buey suelto bien se
lame", hasta abocarme a desterrarla. A la vejez viruelas,
dirán algunos; más vale tarde que nunca, digo
yo. Y como pertenezco a esa tribu de escritores impúdicos
que sólo saben comunicarse echando su vida sobre el papel
hoy vengo a contarles que, contra todo lo que he sostenido hasta
la fecha, a partir de ahora tendré carné de un
partido político; si me aceptan, digo. Ya, ya sé
que es un cambio radical de actitud, y por eso voy a tratar
de sintetizar las razones que lo han provocado.
Tal vez, porque nunca pude conocer
a mi tío Ángel ni a mi tío abuelo Mateo,
que murieron lejos de España, exiliados por rodar documentales
republicanos durante la guerra. Tal vez, porque me crié
a la sombra del penal de Chinchilla, viendo cada día
bajar a las mujeres de los presos políticos a rebuscar
carbonilla en las vías del tren para intentar calentar
a sus hijos que se morían de frío, hambre y diarreas
en las cuevas de la falda del castillo, esperando que sus padres
acabaran de morir muros adentro. Tal vez, porque docenas de
veces vi llegar a mi casa derrapando el camión militar
del Rincón con una pila de hombres ensangrentados en
la caja para que mi padre los remendase o certificara su defunción,
y eran presos políticos aplastados por el derrumbe de
las galerías terreras que excavaban en el cerro para
almacenar bombas, con guardias armados y perros de presa apostados
en la bocamina. O porque, cuando inauguraron esos polvorines,
asistí a la misa solemne oficiada por el obispo dentro
de una galería, con un obús a cada lado del altar
y los presos de rodillas. O porque, muerto mi padre, encontré
los informes de autopsias que describían cadáveres
comidos de piojos y cicatrices de torturas, sin rastro de alimento
en el cuerpo, los pulmones deshechos por la tisis y el tiro
de la "ley de fugas" con trayectoria de entrada por
la espalda y de salida por el pecho.
Supongo que con este carné
intento, también, pagar deudas antiguas. La que tengo
con la Somo, mi amiga prohibida, hija de un condenado a muerte
por Franco. Y con las hijas de los mozos de tren, que venían
a merendar y a jugar con muñecas a mi casa de niña
rica con lazo de seda en el pelo y criadas a su servicio en
los años del hambre y la miseria. Y con "las gratuitas"
de mi colegio de monjas, que tenían prohibido el acceso
al patio de recreo para que no contaminaran a las hijas de familias
de bien. Y tantas y tantas amargas deudas más, que llevo
toda la vida arrastrando como una carga de plomo.
Voy a cumplir 68 años, edad
más de comer sopas frente a la tele que de embarcarse
en aventuras políticas. Pero ya ven, el cuerpo (aunque
lo tenga hecho unos zorros) me pide marcha. Y en vez de dársela
bailoteando en Benidorm con los yayos del Inserso, se la quiero
dar con la militancia activa. Una militancia que no va a cambiar
un centímetro mi forma de pensar, actuar y escribir porque
responde a una ideología completamente coincidente con
la mía. Si bien se mira, este cambio mío viene
a ser como esa fruta que de puro madura se cae del árbol:
estaba cantado. Porque una se harta de votar, sin carné,
tapándose las narices por aquéllo del voto útil.
De apoyar, sin obligación ni mucho menos contraprestación
alguna, a candidatos/as que, cuando no salen elegidos/as, en
vez de quedarse a luchar más y mejor en la oposición
corren a colocarse en un puestecico bien remunerado. Una se
harta de apaños, componendas, corrupciones, enmierdes
interesados, voluntades pagadas, silencios cómplices,
subidas de sueldo a cambio de dar luz verde a operaciones especulativas
aberrantes. Se harta de que "la oposición"
le deje las manos libres (o se ponga a sus órdenes, que
también) a un comprador de servidumbres que ejerce con
prepotencia e impunidad absolutas de amo y señor de la
ciudad y sus políticos. Alguna honrosa excepción
hay entre estos socialistas de boquilla que nos ha tocado sufrir,
yo no lo niego: pero son tan poquitas y con tan poco cuajo que,
salvo algún improbable milagro, nos queda PP hasta el
día del juicio final, tirando por lo bajo. Y qué
quieren que les diga: con mi voto, ya no. Porque votar es refrendar
una línea, apoyar unas acciones, respaldar unas actitudes,
confiar en unos dirigentes. Y como se vota en conciencia, la
mía ya no me deja seguir metiendo en una urna la papeleta
pretendidamente "de izquierdas" que tantas veces ha
defraudado al pueblo, por activa y por pasiva.
Así que me voy a donde mejor
le cuadra a mi modo de ser montaraz y rebelde: a las barricadas.
Supongo que este primer (y último) carné político
mío tiene que ver no sólo con la ética,
sino también con la estética. Porque la decisión
de pedirlo me ronda desde que entrevisté, entre otros,
a Benedetti, Julio Anguita, Antonio Gades, Carrillo y la semana
pasada Marcos Ana, en quienes encontré la coherencia,
energía, limpieza y honradez que en los demás
no encuentro. Porque en esta Comunidad de nuestros dolores los
políticos, seguros de que van a salir exculpados, se
jactan de sus imputaciones judiciales como si fueran medallas,
dilapidan los dineros públicos en festorros y adjudicaciones
a sus amiguetes, y hasta sufragan con ellos falseamientos de
la Historia como ese libelo indecente editado por Fabra que
califica de angelito redentor a un militar traidor, golpista
y asesino que ensangrentó España durante cuarenta
años. Demasiado para mi cuerpo, oigan.
Y supongo también, todo
hay que decirlo, que quiero ese carné para que, cuando
me incineren, a pie de crematorio aguarde un camarada con su
banderica republicana bien doblada en la mano, para envolver
con ella mis cenizas y arrimarse a dejarlas a la sombra del
castillo de Chinchilla, junto al dolor de las víctimas
de Franco y el polvo enamorado del hijo que allí tengo
esperándome, arropado por la bandera del Ché.
Resumiendo: que, si me aceptan, me voy con los rojeras de Esquerra
Unida, ea. Vieja y todo, digo yo que de algo aún les
podré servir.
publicat
en àgora del'esquerra
plural >02/04/09
> www.agoraplural.org