¿Y si no viene IKEA a Alicante?
Daniel Simón
Miembro del Consell Polític de EUPV Alacant
www.danielsimonpla.com
Las cartas sobre la mesa: el que suscribe esto tiene casi toda su casa decorada con muebles de una de esas multinacionales suecas que ha logrado democratizar el diseño haciéndolo accesible a todos los bolsillos (H&M sería otra). Tengo a mis espaldas kilómetros de carretera en coches prestados o furgonetas alquiladas junto a parejas de amigos que montaban casa para llenar los vehículos de paquetes planos, estanterías Billy y pijadas varias para los que disfrutamos en la cocina. Me gusta Ikea, me alegré de que abriera en Murcia porque suponía ahorrarme 300 kilómetros en mis peregrinaciones periódicas para ir a Madrid y en mi casa nos hemos acostumbrado a pronunciar nombres de muebles suecos como si fuéramos nativos de Göteborg.
Ahora nos encontramos con que hay posibilidades de que Ikea venga a Alicante. Al principio pensamos ¡Alegría! ¡Puestos de trabajo!¡Mesas y sillas baratas! ¡Por fin pisos de alquiler para la gente joven con muebles modernos y sin sofás enanos de la época de la abuela del arrendador! ¡Alicante guapa, guapa y guapa también en los interiores! ¡Una empresa en cuya publicidad habla de “República” tiene que molar! ¿Verdad?... Entonces, te enteras de que la llegada de Ikea tiene un precio que nada tiene que ver con los de su catálogo. De hecho, varios precios:
a) El ayuntamiento lo ubica en Rabasa con la intención de hacer irreversible el infame plan destructor de un paraje natural (el infame “Plan Rabassa”).
b) Ikea dice que si no se construye un (¡Otro!) inmenso centro comercial a su alrededor, no viene (¡Justo lo que necesita Alicante y su pequeño comercio! Hay que recordar que ya tenemos cinco “malls” rodeando la ciudad).
c) Si hay centro comercial en Rabasa, no lo hay en el Rico Pérez, así que adiós a la necesaria reforma del estadio, adiós proyecto emblemático de arquitectos alicantinos y hola nuevo estadio para hacer la urbanización de Rabasa aún más irreversible (como si nos sobrara la pasta para hacer un estadio nuevo en vez de reformar el que ya existe. El proyecto original se puede mejorar mucho, pero es manifiestamente más barato y mejorable).
Aunque este artículo estaba escrito desde el 6 de Noviembre (se publicó en un diario de Alicante), el párrafo “a)” ha venido a confirmarse recientemente: el Plan Rabassa ha sufrido un revés en forma de suspensión cautelar por parte del TSJ. La primera reacción de la alcaldesa ha sido expresar “su preocupación porque deja la llegada de Ikea en el aire”, dándonos la razón a los que creíamos que la llegada de la multinacional sueca se quiere usar de chantaje y principal argumento para hacer irreversible el Plan Rabassa (porque el argumento inicial de la falta de viviendas en Alicante, que es una mentira gorda, ya no hay quien se lo crea).
Si hay que tragar con todo esto (“a”, “b y “c”), de repente, ya no se me hace tan pesado tener que ir a por muebles a Murcia. Todo esto hace que nos preguntemos: Y si no viene Ikea ¿Qué?
Hace poco participé en una sesión con Nurope, una Universidad Europea Itinerante, un auténtico tanque de pensamiento de expertos y eruditos que quieren hacer que nuestro continente avance hacia su integración con un ojo puesto en las posibilidades de las Nuevas Tecnologías para comunicar y expandir el conocimiento. Allí estaba yo, con mi inglés funcional, explicando un power point sobre uno de los proyectos culturales en los tengo el honor de trabajar. En los coloquios de estas sesiones, los europeos solían reflexionar con el orador sobre la situación de la cultura, industria o educación locales. Así que una señora austríaca tomó la palabra y me hizo una reflexión que me dejó de piedra: “Dada la tradición de industria del mueble tan amplia que tenéis en la zona, imagino que de aquí saldrán muchos diseñadores industriales que innovarán en el tema de diseño de muebles…”.
Me costó reaccionar. La afirmación era de una simpleza y de una lógica aplastantes. Al principio, le expliqué que, a pesar de lo deseable del panorama que ella suponía, la caduca industria del mueble local, que todo el mundo da por muerta si llega Ikea, no tiene un ojo puesto en la tendencia y en el diseño, y que los licenciados en la escuela de Artes y Oficios suelen decantarse más por el diseño gráfico y artístico que no por crear muebles modernos, bonitos, baratos y fáciles de transportar para que los fabricantes de toda la vida se ganen de nuevo al público autóctono. Mientras decía esto, algo hizo clic en mi cabeza: ¡Esa es la alternativa si Ikea no viniera!
Si el ayuntamiento no cede al chantaje sueco, nos podemos concentrar en crear una industria estable y fuerte en la zona, con una parte productiva y una parte creativa (la del diseño industrial innovador). Tenemos tradición de buenos diseñadores (Javi Crespo, Manuel Galdón, IamIcan…) que podrían volcar su creatividad hacia la salvación de la industria del mueble local (cuyo aislamiento, precios elevados y ausencia de I+D les está condenando a desaparecer) aportándoles la dosis de diseño e innovación de la que carecen hoy en día, podríamos formar nuevas generaciones de diseñadores, podríamos impulsar marcas “denominación de origen” desde las instituciones, podríamos en suma crear un nuevo yacimiento de empleo. Los consumidores han dicho que los diseños asequibles de Ikea y su modelo de empaquetado son los que les gustan. Pongamos en contacto a nuestros diseñadores con la industria del mueble local para que ayuden a modernizarlas y, de esta manera, volver a atraer la atención de los consumidores locales.
Si a los puestos de trabajo que genera ikea restamos los que se pierden por cierre de pequeño comercio e industria local del mueble, puede que la cosa no compense. En cambio, si reforzarmos nuestro tejido industrial, tendemos puentes con el mundo del diseño local y creamos este nuevo yacimiento de empleo. No es nada original: se trata de copiar a Ikea en su origen, una empresa-institución que es mecenas de los diseñadores industriales de Suecia. Seamos mecenas nosotros, salvemos nuestra industria, creamos en nuestros diseñadores, construyamos una industria sólida y duradera (un proceso menos inmediato que abrir un ikea, pero cuyos efectos serán mucho más a largo plazo y seguros) y salvemos también de paso las lagunas de Rabasa, el pequeño comercio y el proyecto original del Rico Pérez. Sobre el papel no parece un mal plan. ¡Antimenfotizar Alicante!