som d’esquerres, som d’esquera unida
manifest de l’àgora de l’esquerra plural [accedir]
 

 

Nuevos retos- Nuevas fuerzas

Bernabé Aldeguer Cerdá
Coordinador d'EUPV Vinalopó Mitjà


Durante el periodo de la transición y sobre todo con la redacción del texto constitucional de 1978, la izquierda real manifestada a través la postura del PCE, consiguió imprimir en la Constitución todo cuanto de socialista y avanzado tiene el actual texto, a pesar de la importante pérdida ideológica que se dio ante el reconocimiento de la Monarquía o los símbolos nacionales. Con la intervención y participación en aquél proceso, la izquierda real (hoy representada por Izquierda Unida) asumió el peligro de que sus reivindicaciones perdiesen legitimidad al ser asumidas algunas de ellas por el propio aparato estatal. Con la configuración del Estado de Bienestar, a desarrollar en aquellos tiempos y hoy en vías de desmantelamiento sin haber sido instaurado, la izquierda veía cómo sus peticiones durante siglos reivindicadas, quedaban imprimidas en la faz de las instituciones a través del reconocimiento de ciertos derechos sociales, la intervención del Estado en la economía y la protección de los trabajadores. Ello ha derivado en determinados casos en una falta de justificación de muchas de nuestras reivindicaciones, sobre todo cuando desde el poder la socialdemocracia ha hecho suyos los logros de unas proclamaciones cuyo reconocimiento constitucional no hubiera sido posible ante su pasividad y falta de compromiso. En otras palabras: El PCE puso su nombre y desgastó su discurso, sus siglas y su ideología en favor de un PSOE que, tras los matorrales ideológicos saltó para, desde la comodidad del poder, desarrollar sin excesos aquello por lo que otros lucharon y tanto perdieron. Habiendo descrito este telón de fondo que por hacer memoria histórica nunca debe olvidarse, ¿cuál es la propuesta de futuro desde la izquierda real? Es la siguiente. Partimos del hecho de que esa falta de justificación por haber conseguido nuestras reivindicaciones, ya no es tal falta de legitimidad. Si bien se consiguió que el Estado asumiese unos objetivos a los cuáles atender, pasados treinta años desde su nueva configuración constitucional, la mayoría de ellos están sin atender y sin desarrollar. En este punto, sólo la izquierda real, en la misma medida que hace tres e incluso más décadas (desde el propio final de la II República), está en disposición de hacer reales y efectivos determinados postulados constitucionales y proponer la ampliación de muchos más. En concreto, nos referimos a: 1. La elevación a derecho directamente exigible ante la justicia de aquellos contenidos en el capítulo de derechos sociales tales como el derecho a una vivienda digna (sin especuladores de por medio) y al medioambiente. 2. La concreción y plena vigencia del artículo 31 para que paguen más quienes más tienen y hacer que el erario disponga de los recursos necesarios para una intervención firme y extensa en la sociedad con servicios públicos sanitarios, educativos, sociales y culturales de calidad, gratuitos e igualitarios. 3. Una orientación gubernamental conforme al artículo 128, 129 y 131 para que la riqueza del país se subordine al interés general, los trabajadores accedan a la propiedad de las empresas e incrementen su participación en la gestión de las mismas, se nacionalicen los sectores económicos estratégicos (energía o banca), se planifique la economía conforme a las necesidades colectivas y no las de la oligarquía, se estimule la justa distribución de la riqueza y se proceda a la intervención de empresas cuando lo exija el interés general (art. 50 Estatuto País Valenciano). Esta es nuestra fuente de legitimidad, para cuya aplicación la izquierda real es la única y más adecuada, y en ellas reside la justificación de nuestro papel y nuestra correspondiente fuerza y apoyo social. Salud y República.

 

publicat en àgora del'esquerra plural > 30/01/10 > www.agoraplural.org

 

 
 
 
 
 

 

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