Riesgos para los humedales
Miguel Ángel Pavón
Secretari de medi ambient i sostenibilitat d'EUPV
Recientemente se celebró el día mundial de las zonas húmedas, unos ecosistemas que pese a albergar gran parte de la biodiversidad de la provincia de Alicante, especialmente en las comarcas costeras del sur (l'Alacantí, Baix Vinalopó, Vega Baja), siguen siendo objeto de agresiones pese a las diversas figuras de protección y normas legales que, al menos sobre el papel, protegen sus valores ambientales.
Con la crisis económica, originada por un espectacular sobredimensionamiento del sector de la construcción (algo que muchos advertimos hace ya varios años), las agresiones urbanísticas sobre los humedales y su entorno se han reducido en los últimos años, aunque siguen promoviéndose planes urbanísticos que no incorporan la necesidad de proteger los humedales y su entorno desde el punto de vista urbanístico. Planes parciales como Dolores Golf, junto al Parque Natural de El Hondo, o La Hoya, junto al Parque Natural de las Lagunas de La Mata y Torrevieja, y nuevos planes generales como los de Santa Pola y Alicante, que plantean proyectos urbanísticos sobre los perímetros de protección de las Salinas de Santa Pola, del Clot de Galvany o del Saladar de Agua Amarga, dan buena cuenta de esa amenaza desgraciadamente siempre latente.
La problemática asociada a la gestión de los recursos hídricos de los humedales ha cobrado por ello mayor importancia en los últimos años frente a la presión urbanística. Dos casos relacionados con el Saladar de Agua Amarga y El Hondo ilustran esa problemática.
El Saladar de Agua Amarga viene sufriendo desde que se puso en funcionamiento la desaladora de Alicante un proceso paulatino de desecación causado por las extracciones del agua que se desala, que se extrae de pozos situados en tierra entre la línea de costa y el Saladar. Parte de ese agua es agua marina que se infiltra en los pozos, pero otra parte procede del nivel freático asociado al Saladar, que en el entorno de la desaladora se sitúa a cotas profundas cuando antes se situaba en superficie. Ello ha hecho que en los últimos años gran parte del Saladar no se inunde, que su vegetación natural esté siendo sustituida por especies oportunistas y que las aves acuáticas y limícolas no encuentren un hábitat apropiado. Este impacto negativo se quiere corregir con un aporte artificial de agua que en los últimos dos meses ha conseguido inundar parte del Saladar. En cualquier caso creemos que a largo plazo deberían cerrarse esos pozos para sustituirlos por una captación directa de agua marina como única forma de restablecer un equilibrio hídrico hoy perdido. Además, no es descartable que pueda existir una afección al régimen hídrico natural de humedales cercanos como el Fondet de la Senieta o el Clot de Galvany.
El Hondo, el gran humedal alicantino, está de plena actualidad por el juicio que sentó el mes pasado en el banquillo de los Juzgados de Elche al gerente de Riegos de Levante por una extracción abusiva de agua del embalse de Levante en junio de 2005, en plena época de nidificación de nuestras dos joyas ornitológicas en peligro de extinción: la malvasía cabeciblanca y la cerceta pardilla. No nos cabe la menor duda, pese a la sentencia absolutoria de los Juzgados, que esa extracción, que provocó la práctica desecación del embalse, perjudicó la nidificación de las dos especies, además de la de otras muchas especies de aves que se encontraban nidificando en el embalse. Así también lo acreditó el perito de la Universidad de Valencia que declaró en el juicio, y cuya declaración, de gran carga científica, ha sido escandalosamente obviada por la jueza en su sentencia. Una jueza que en cambio da consistencia al vergonzoso e infundado contrainforme de la directora del Parque Natural en el que se desdice del informe que en su día firmó asegurando que se habían producido perjuicios a la malvasía y a la cerceta pardilla. Creemos que esta sentencia impide avanzar hacia una compatibilidad real de los usos agrícolas y ambientales en El Hondo, una compatibilidad en la que Riegos de Levante no cree, ya que lo que pretende es que ambos usos se segreguen en el interior del Parque mediante la construcción de una balsa de riego sobre 250 hectáreas del embalse de Poniente, una extensión que, de facto, perdería la zona húmeda protegida.
Lo único positivo de la sentencia es que califica la actuación del gerente como "imprudente o negligente". Una triste sentencia dada a conocer precisamente en el día mundial de las zonas húmedas que se suma a la sentencia, también dictada en Elche, del juicio por la contaminación del río Segura, que igualmente absolvió a los acusados, condenando injustamente en costas a los colectivos que denunciamos esa contaminación y que nos personamos en el juicio tanto por la propia contaminación del río como de las zonas agrícolas de huerta tradicional y de los humedales que hacen uso de sus aguas, entre los que se encuentran El Hondo, El Hondo de Amorós o la desembocadura del Segura. En definitiva, una lamentable jurisprudencia generada en la ciudad de las palmeras que creemos que supone un importante retroceso para la defensa jurídica de las zonas húmedas.