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28 11 2008

A través de la puerta

Francisca Hipólito Bonet
Militante de EUPV en Valencia.

Hace algo menos de un año, siguiendo el consejo para mi embarazo, acudía cada mañana a trabajar caminando. Era un paseo de algo más de media hora que me permitía transitar por calles que hasta ese momento no había pisado. Me llamaba la atención una antigua fábrica de la que ahora mismo sólo queda el edificio de entrada, una bonita construcción quizá del S.XIX recayente a la Avenida de Burjassot. En el interior, adosada al muro y rodeada por la abundantísima vegetación que el abandono ha permitido crecer, hay una vieja casita de una planta y tejado a dos aguas, que en su tiempo debió servir de vivienda al vigilante de la fábrica. Mi sorpresa fue un día ver entrar a una niña. A partir de entonces me fijé y, efectivamente, allí vivía alguien: se veía luz y ropa tendida a través de la puerta.

Pensaba en qué condiciones debía vivir la familia que había ocupado esa casa en ruinas. Si recibirían algún tipo de ayuda, si los niños irían al colegio, si tendrían dinero para comprar los libros… imagino que todas las respuestas a estas preguntas son no, dado que resulta difícil empadronarse en una dirección que no existe. Y así me acordé de los inmigrantes que desalojaron debajo del río (¿dónde vivirán ahora?) y de las naves de MACOSA en la calle San Vicente en las que, una tarde que pasé en coche, vi gente a través de la puerta y en las ventanas enseres personales.

Qué triste es saber que vivimos en una sociedad que publicita el lujo y esconde detrás de la puerta sus miserias. Supongo que preferimos pensar que en nuestra ciudad se organiza el Gran Premio de Fórmula 1, que atrae a multimillonarios indios en grandes yates, antes que preocuparnos por la respuesta que dan las instituciones que nos representan a las personas que no tienen recursos suficientes para subsistir. Y cuando nos encontramos con ellas cerramos los ojos y los oídos, y así nuestro ayuntamiento puede desalojar y expulsar sin solución alternativa y sin nadie que le pida explicaciones.

Quizá ahora que vienen malos tiempos nos miraremos al espejo con nuestros propios ojos, y no con los de los mil créditos para comprar y comprar haciéndonos creer más ricos de lo que nunca fuimos, y empezaremos a echar en falta un Ayuntamiento que tenga una plaza de “menjar a casa” para todos los ancianos que lo necesiten y no una promesa electoral convertida en una interminable lista de espera para que te concedan el servicio. Quizá añoraremos un gobierno autonómico que ponga los medios para la aplicación efectiva de la Ley de Dependencia, o plazas suficientes para la escolarización de nuestras hijas en la red pública. O recordaremos cómo el gobierno de Zapatero se ha desgañitado clamando por una silla en la cumbre del G20, “porque somos la 8ª economía del mundo”, pero no ha tenido ni un minuto para ponerse al día en su inversión en gasto social, que nos sitúa (según Eurostat) en un vergonzoso 20º lugar de la Unión Europea ya ampliada a 25.

Ahora que están recientes las elecciones presidenciales en los Estados Unidos conviene recordar que en Nueva York, la ciudad más rica de la tierra, junto al lujo y al glamour de Manhattan, viven 35.000 personas sin hogar, de las que 14.715 son niños, según datos de las ONG Coalition for the Homeless, y que el 15% de la población de la primera potencia mundial, el país que más gasta en salud, no tiene derecho a recibir asistencia médica. Son millones de personas excluidas no sólo del “sueño americano” de los triunfadores sino también de los planes de rescate de Obama para las “clases medias”. No tienen depósitos bancarios que garantizar ni hipotecas que subvencionar, pues carecen de las mínimas condiciones de vida digna que en una sociedad “desarrollada” se dan por supuestas.

También en nuestro país hay cifras para la vergüenza: 300.000 personas no tienen hogar, y el 20% de la población se encuentra en riesgo de pobreza, según el Instituto Nacional de Estadística. No es difícil imaginar que estas cifras aumentarán por los efectos de la crisis económica. Un incremento de varios puntos percentuales en las cifras del paro supone que millones de personas se quedan sin sus ingresos vitales, y por tanto expuestas a quedar desprovistas de lo más básico, techo y alimentación, en ausencia de redes sociales o familiares de apoyo.

En los últimos años, el problema de la pobreza en nuestro país no sólo ha sido desatendido sino también ignorado. Se ha estigmatizado socialmente como marginales a todos los marginados. Ha sido nula la preocupación de las instituciones políticas y los medios de comunicación por quienes ya estaban en crisis antes de La Crisis. Ahora se escandalizan por el desplome de los mercados bursátiles pero se han tapado los ojos ante la miseria que tenían a la vuelta de la esquina, visible a través de la puerta.

 

 

28/11/08

 

 
 
 
 
 

 

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