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A través de la puerta
Francisca Hipólito
Bonet
Militante de EUPV en Valencia.
Hace algo menos de un año,
siguiendo el consejo para mi embarazo, acudía cada mañana
a trabajar caminando. Era un paseo de algo más de media hora
que me permitía transitar por calles que hasta ese momento
no había pisado. Me llamaba la atención una antigua
fábrica de la que ahora mismo sólo queda el edificio
de entrada, una bonita construcción quizá del S.XIX
recayente a la Avenida de Burjassot. En el interior, adosada al
muro y rodeada por la abundantísima vegetación que
el abandono ha permitido crecer, hay una vieja casita de una planta
y tejado a dos aguas, que en su tiempo debió servir de vivienda
al vigilante de la fábrica. Mi sorpresa fue un día
ver entrar a una niña. A partir de entonces me fijé
y, efectivamente, allí vivía alguien: se veía
luz y ropa tendida a través de la puerta.
Pensaba en qué condiciones
debía vivir la familia que había ocupado esa casa
en ruinas. Si recibirían algún tipo de ayuda, si los
niños irían al colegio, si tendrían dinero
para comprar los libros… imagino que todas las respuestas
a estas preguntas son no, dado que resulta difícil empadronarse
en una dirección que no existe. Y así me acordé
de los inmigrantes que desalojaron debajo del río (¿dónde
vivirán ahora?) y de las naves de MACOSA en la calle San
Vicente en las que, una tarde que pasé en coche, vi gente
a través de la puerta y en las ventanas enseres personales.
Qué triste es saber que vivimos
en una sociedad que publicita el lujo y esconde detrás de
la puerta sus miserias. Supongo que preferimos pensar que en nuestra
ciudad se organiza el Gran Premio de Fórmula 1, que atrae
a multimillonarios indios en grandes yates, antes que preocuparnos
por la respuesta que dan las instituciones que nos representan a
las personas que no tienen recursos suficientes para subsistir.
Y cuando nos encontramos con ellas cerramos los ojos y los oídos,
y así nuestro ayuntamiento puede desalojar y expulsar sin
solución alternativa y sin nadie que le pida explicaciones.
Quizá ahora que vienen malos
tiempos nos miraremos al espejo con nuestros propios ojos, y no
con los de los mil créditos para comprar y comprar haciéndonos
creer más ricos de lo que nunca fuimos, y empezaremos a echar
en falta un Ayuntamiento que tenga una plaza de “menjar a
casa” para todos los ancianos que lo necesiten y no una promesa
electoral convertida en una interminable lista de espera para que
te concedan el servicio. Quizá añoraremos un gobierno
autonómico que ponga los medios para la aplicación
efectiva de la Ley de Dependencia, o plazas suficientes para la
escolarización de nuestras hijas en la red pública.
O recordaremos cómo el gobierno de Zapatero se ha desgañitado
clamando por una silla en la cumbre del G20, “porque somos
la 8ª economía del mundo”, pero no ha tenido ni un
minuto para ponerse al día en su inversión en gasto
social, que nos sitúa (según Eurostat) en un vergonzoso
20º lugar de la Unión Europea ya ampliada a 25.
Ahora que están recientes
las elecciones presidenciales en los Estados Unidos conviene recordar
que en Nueva York, la ciudad más rica de la tierra, junto
al lujo y al glamour de Manhattan, viven 35.000 personas sin hogar,
de las que 14.715 son niños, según datos de las ONG
Coalition for the Homeless, y que el 15% de la población
de la primera potencia mundial, el país que más gasta
en salud, no tiene derecho a recibir asistencia médica. Son
millones de personas excluidas no sólo del “sueño
americano” de los triunfadores sino también de los
planes de rescate de Obama para las “clases medias”.
No tienen depósitos bancarios que garantizar ni hipotecas
que subvencionar, pues carecen de las mínimas condiciones
de vida digna que en una sociedad “desarrollada” se
dan por supuestas.
También en nuestro país
hay cifras para la vergüenza: 300.000 personas no tienen hogar,
y el 20% de la población se encuentra en riesgo de pobreza,
según el Instituto Nacional de Estadística. No es
difícil imaginar que estas cifras aumentarán por los
efectos de la crisis económica. Un incremento de varios puntos
percentuales en las cifras del paro supone que millones de personas
se quedan sin sus ingresos vitales, y por tanto expuestas a quedar
desprovistas de lo más básico, techo y alimentación,
en ausencia de redes sociales o familiares de apoyo.
En los últimos años,
el problema de la pobreza en nuestro país no sólo
ha sido desatendido sino también ignorado. Se ha estigmatizado
socialmente como marginales a todos los marginados. Ha sido nula
la preocupación de las instituciones políticas y los
medios de comunicación por quienes ya estaban en crisis antes
de La Crisis. Ahora se escandalizan por el desplome de los mercados
bursátiles pero se han tapado los ojos ante la miseria que
tenían a la vuelta de la esquina, visible a través
de la puerta.
28/11/08
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