Yo no hago política
Bernabé Aldeguer,
Coordinador d’EUPV Vinalopó Mitjà
Uno de las partes pavorosamente visibles del inmenso iceberg del cinismo y el analfabetismo político que tantos barcos democráticos hunde cada generación, es aquella que puede llegar a helar nuestros oídos con un yo no hago política o un a mí no me hablen de política. La consecuencia primera y que deja la cubierta de la nave democrática atestada de fragmentos de hielo con los que muchos autoritarios se toman un buen combinado para celebrarlo, es aquella de que todos los políticos son iguales. Cuando esta afirmación se desprende del gran iceberg del cinismo y el analfabetismo político, una ola de terror cívico recorre el nivel de flotación democrático inundando los camarotes más bajos: en los que la cultura política del franquismo y el capitalismo anti-Estado / anti-democrático reciben no sin un cierto agrado y satisfacción que algo refresque sus podridas, fermentantes y húmedas ideas, aunque ello suponga el hundimiento de la nave. Bien sabemos cuán importante es para estas huestes ideológicas y para el capitalismo amedrentador que, como señalara Unamuno, esta sociedad se llene de mutilados y que, siguiendo el símil, cunda el analfabetismo destructor de la legitimidad democrática y de la deliberación esencialmente política sobre la que se construyen las salidas democráticas y sociales a las crisis capitalistas que tan ansiosas ganas tienen de que el barco de la solidaridad y lo colectivo acabe zozobrando. A uno le reverberan las declaraciones del dictador nacional católico-fascista según las cuales los partidos políticos de nada servían más que para perpetuar discusiones bizantinas y conspiratorias contrarias a la verdadera misión colectiva basada en hacer pantanos y erigir imperios arenosos mediante el fango de la explotación laboral, la alienación y la opresión antidemocrática. Probablemente sea esta salada y densa noción ideológica la que hace aflorar hoy todavía sobre la superficie política la helada y temible idea del cinismo político. Nos permite sin embargo evocar las por el lector conocidas letras de Bertolt Brecht sobre el analfabetismo político, y afirmar que “El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio del poroto, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado, y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales”. La base del cinismo antidemocrático sembrado por el PP en el País Valenciano supone una clave para la desensibilización democrática que permite relativizar el alcance y gravedad de los más controvertidos acontecimientos y decisiones de gobierno, y elevar, en todo caso, el umbral de sensibilidad democrática con el objeto de anestesiar a la sociedad valenciana frente a la elevada tasa de decisiones, declaraciones y acontecimientos de claro corte nacional católico y fascista, dirigidos a la aniquilación de lo colectivo mediante la erosión (reversible por la mitosis democrática que debemos motivar en la regeneración) de las instituciones que constituyen la Generalitat. Si bien, ello exige un proyecto a largo plazo, que se asegure hacia futuro el modular una determinada cultura política que permanezca en sus principios básicos a lo largo del tiempo y con carácter generacional, y que al mismo tiempo, con carácter complementario a lo anterior, se vea asegurado en los conceptos políticos que, introducidos por el neoliberalismo limitador/destructor de las instituciones y el objeto democrático, encuentren en el escenario de las nociones más primarias del conservadurismo post-franquista, el perfecto sustrato para asegurar el éxito del proyecto. En este sentido, evoco la reflexión según la cual: “todas estas reflexiones, que pudieran ser tomadas por evidencias [sobre conceptos como la solidaridad, la soberanía, la democracia, la participación, etcétera), resultan necesarias en el sentido de que, las evidencias devienen en fundamentos de toda estructura ideológica, debiendo estar continuamente presentes para que el edificio de propuestas no caiga o sea emitido en un vacío que todo lo hace desvanecer. Por tanto, cabe considerar la importancia de la reflexión sobre los elementos básicos de toda propuesta ética, política, social y comunitaria. Del mismo modo que supone un error abandonar las ayudas a la investigación de los procesos bioquímicos básicos de carácter oncológico en pro de ayudas a tratamientos o investigaciones sobre farmacología o cirugía (no incurro en el error de proponer un trasvase y una disminución de este último, sino evitar lo contrario), cabe invertir los recursos que sea preciso en ahondar sobre aquellas cuestiones psicosociales y filosófico-políticas desde las que construir la alternativa al destructivo, antisocial, depredador e insostenible modelo capitalista (…)” (Aldeguer Cerdá, B. “Solidaridad, fiscalidad y socialismo”; Rebelion).
A partir del momento en que el proyecto del PP pasa de lo latente a lo patente, se produce y consolida la desensibilización democrática que implica elevar el umbral de indignación democrático hasta tal punto que por muy destacada que sea la agresión contra los objetos y sujetos políticos democráticos, ya la sociedad carece de cualquier referente: y sólo desde la genuina, coherente y responsable izquierda, radicada en EUPV, puede sembrar frente a un PP decidido a conservar el idilio conservador-libertario tatcheriano / reaganiano de acanallar la Administración Pública sometiéndola a la lógica especulativa del capitalismo, y a las conexiones naturales del sistema económico según la expresión de Loretta Napoleoni (Economía Canalla). Todo con la perspectiva de atomizar la sociedad desde herramientas de analfabetización cívica que destruyan e imposibiliten cualquier ocasión de pedagogía política como la que sólo EUPV puede acometer. Y en este sentido, el “¡A la calle que ya es hora!” ha de tener, necesariamente, su manifestación en el estilo de comunicación que, desde aquellas organizaciones que proclamamos la recuperación de la calle, es preciso articular, como forma de recuperación de la dignidad y las riendas de lo colectivo. En ocasiones, el buen rollo de la sede y, a pesar de nuestro espíritu autocrítico congénito, a veces también la autocomplacencia, se pueden convertir en los principales enemigos que nos lleven a considerar que la puerta no es más que un umbral físico: pues el quicio separa el mundo que queremos del que tenemos que cambiar. Siendo conscientes de que las pautas comunicativas que resultan eficaces para los grandes partidos políticos capitalistas y monárquicos no nos resultan útiles (como tampoco otras prácticas y conceptos), no nos queda otra alternativa que, como en otras tantas ocasiones, recurrir a la octavilla como principal mecanismo de difusión, propaganda, acción y campaña política permanente. Sobre todo, también, asumiendo y reiterando que debemos estar en permanente campaña, y hacer de la campaña electoral un lapso más, importante sin duda alguna, pero de relativa significancia, sobre todo el marco de un proyecto de transformación radical de la sociedad, la política y la economía que sanciona y ahoga gravamente a quienes pretendemos suplantar un sistema en cuyos engranajes se encuentra un modelo de democracia liberal que de hecho deviene en censitario y castigador de las propuestas populares. Esta noción requiere, por tanto, de una campaña ideológica (una Campaña pues, en mayúsculas) de fondo, cuyos frutos únicamente pueden ser madurados con un discurso continuado, coherente y, en definitiva, reiterando: un discurso ideologizado. El llevar a cabo un proceso de campaña permanente, mediante propuestas concretas que, huyendo de la socialdemocracia, escora de las crisis capitalistas, estén radicadas de forma estricta en los planteamientos ideológicos básicos sostenidos en este caso por EUPV. Con esta actividad estaríamos consiguiendo (y parece que afortunadamente estamos en condiciones de conseguir):
1) Hacer pedagogía política y no tan sólo claudicando al papel de gestores públicos que reducen la política a una negociación ejecutiva basada en principios de eficacia y eficiencia económica.
2) Ideologizar de forma normal, paulatina y sin grandes declaraciones de intenciones que, en todo caso, de ser realizadas, encontrarán mayor arraigo en su momento por cuanto puedan formar ya parte de la simbología política configurada por el día a día.
3) Socializar mediante la acopio de experiencias y propuestas concretas basadas en aquellos principios ideológicos, al estilo de como los medios de comunicación consiguen socializar ideológicamente de forma subliminal a través de noticias, reflexiones, chascarrillos, sucesos y otros acontecimientos aparentemente inconexos respecto de los principios que realmente pretenden ser impresos en una sociedad sumisa y atemorizada.
4) Dignificar la política normalizando un discurso que todavía hoy es demonizado y reprochado por una derecha (conservadora o socialdemócrata) que pretende perpetuar el cinismo y la ausencia del ciudadano respecto de la política vendiendo esta como algo dramático cuyo ejercicio democrático supone claudicar ante el baluarte de la izquierda: siempre peligrosa para el poder político al servicio de la ideología neoliberal / conservadora y el sistema capitalista que sustenta aquella. En particular, haríamos frente a una socialdemocracia que pretende bajar la intensidad del discurso político avanzando en la línea de la legitimación del sistema capitalista como forma de gestión colectiva.
5) Marcar agenda pública, pues sabido es que tan importante como ganar un debate o discurso dialéctico e ideológico mediante la retórica o la confrontación de argumentos, es decidir qué temas son los prioritarios, en qué términos han de ser abordados y cuáles son, eventualmente, los pilares que marcan cada tema, enmarcando de este modo el discurso político, y siendo asumibles algunas de las propuestas a este respecto vertidas en No pienses en un elefante, de George Lakoff.
Todo frente a un PSOE que, habiendo asumido tras treinta años de Monarquía Parlamentaria, el juego conservador de corte canovista y de democracia de superficie (según los términos de Alain Badiou) en el marco de una dictadura financiera o liberal (conforme a Háyek), no es capaz de articular, tal y como el neoliberalismo asumido por su naturaleza social-liberal así lo prescribe, una acción alternativa que sólo EUPV, reitero, puede y debe asumir, y que sólo ahora así puede ser, al asumir la vanguardia de funcionamiento, trabajo y organización política, dialéctica y propositiva, frente a toda la sociedad valenciana y ante muchas regiones del Estado español. Pues frente al PP que lidera la destrucción democrática y el PSOE que participa de las prácticas corruptas inherentes al sistema con la idea de estar escorando la nave de débil quilla democrática, resulta oportuno evocar la reflexión de Lluís Torró, según la cual “(…) sin querer despreciar otras razones, el alimento de la corrupción es el propio modelo económico, en manos de determinadas oligarquías empresariales y financieras (…). Un modelo económico asentado sobre la base de la construcción y una tendencia creciente a la privatización de los servicios públicos es una fuente generosa de corrupción política (…)” (Torró Gil, Lluís. ¿Por qué la corrupción? Tribuna, EL PAIS, 12/11/2009). No se entiende el modo en que el PSOE pretende salir indemne de las consecuencias del sistema monárquico presente queriendo participar de este (en su ley electoral, en su ley del mercado, en la satisfacción de los lobbies empresariales, en pasar por progre desfilando en procesiones católicas y no cuestionando la Monarquía, queriendo evitar problemas con “malas compañías” que se hacen con los servicios públicos privatizados…) y sin plantearse en instante alguno que, como señala Torró, el problema es el sistema económico, y no hay modo de tapar las goteras sino es echando abajo el tejado entero.
No es casual, y ni mucho menos baladí, que cualquier ciudadano impregnado por la viscosidad del cinismo y el analfabetismo político señale aquello del todos son iguales y todos van a lo mismo… bien que hacen. Es una expresión de la que a menos profundidad de la que nos podamos esperar, es posible encontrar en plena ebullición magmática la más simple y elemental de las nociones neoliberales y clientelares que reinventan y actualizan a las estructuras económicas globalizadas, la explotación laboral, el clientelismo, el caciquismo, el fascismo y la desprotección ciudadana y medioambiental. El ser humano es egoísta por naturaleza: eso es ser realistas. Por ahí van las cosas. Nociones antisociales, antidemocráticas y antihumanistas a las que sólo es posible hacer frente mediante un ejercicio de pedagogía que imprima en el ciudadano, que imprima en todos y cada uno de nosotros, que el ser humano no es ni egoísta ni solidario, sino que el ser humano es y será lo que quiera ser (solidario, en este caso) en orden a la satisfacción del orden colectivo dada su condición de “ser social” por naturaleza.
Del mismo modo, cualquier declaración lanzada valientemente en cada conversación cotidiana (familiar, social, interpersonal en cualquier caso), declaración mediática o intervención institucional y social, debe estar directamente enlazada con el sustrato ideológico sólido y democrático sobre el que nos erigimos: el que emana de la solidaridad como principio generador de las relaciones humanas y constitutivas de los grupos y colectividades; lo cual implica forzar la libertad de acción y pensamiento del ser humano hacia esta opción constructiva y humanista en contra del otro polo de tensión basado en el egoísmo feroz desde cuyo lado estiran las multinacionales, los ideólogos del neoliberalismo, los poderes financieros y los gobiernos conservadores-libertarios y fascistas como el que sustenta el valenciano. Y así, la revalorización del debate político, ya supone recuperar el papel que para la política EUPV asume en cuanto que clave para asegurar la gestión democrática y participativa de la gestión del conflicto social en que, ontológicamente consiste la política (Stein Rokkan, 1967; Vallès, 2004). Que la ideología rezume ante una dignificación de las instituciones verdaderamente democráticas (para lo cual cabe redefinir el actual mapa, no solamente en la vertiente constitucional monárquico-confesional, sino en el modelo dialéctico germinado al amparo de aquél, y tintado por el conservadurismo fascista de corte civil) y, como señala I. Ramonet, estar en la primera línea ante la máxima de que “el Estado y la política están de regreso (…) (de modo que) no habría que desaprovechar esta ocasión (de crisis económica), sino aprovechar el impacto para finalmente cambiar un sistema económico internacional y un modelo de desarrollo desiguales y obsoletos. Y refundarlos sobre bases más justas, más solidarias y más democráticas”: (Ignacio Ramonet, La catástrofe perfecta). O lo que es lo mismo: “el mundo va a cambiar de base, los nada de hoy todo han de ser”, para poder también sostener que: “Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Las clases dominantes pueden temblar ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar”. Y es que, “(…) anunciar la muerte de las ideologías es ignorar que los conflictos que son objeto de la política no dejarán de estar siempre acompañados por creencias y juicios de valor: de ellos obtienen los ciudadanos –y todos los actores políticos- las razones y los pretextos necesarios para motivar su intervención en la gestión de los asuntos colectivos” (Vallés, 2004). Algo que, desde la psicología social también ha venido a ser alegado, resaltando el papel de las ideologías, que nos deben animar a poner sobre la mesa el constructo ideológico claro que desde la izquierda genuina defendemos y pretendemos convertir en realidad social y política. En estos ámbitos académicos se señala acertadamente que “las realidades políticas actuales y los resultados de un nuevo paradigma psicológico presentan bases sólidas para retomar el estudio de la ideología (…) (en base a la idea de que) los estudios revelan que hay diferencias políticas y psicológicas significativas relacionadas con la autoposición ideológica” (John T. Jost, 2006). De ahí la exigencia de responsabilidad organizativa e ideológica que pesa sobre EUPV de redoblar los esfuerzos en, y avanzar en el convencimiento y autoestima de, una verdadera socialización de las instituciones democráticas, con una batalla frontal dialéctica, institucional (mediante decreto de alcaldía, proposición de ley, moción, etc.… allá donde EUPV le resulta posible), social y estrictamente ideológica (como este foro de Ágora de L’Esquerra Plural y la Fundació IEP representan) frente al capitalismo entendido en sus concreciones más inmediatas para nuestra vida colectiva (erosión educativa; atomización social; devaluación de los derechos de participación económica y política, y mercantilización de aquellos derechos de corte social, en materia de sanidad o educación; explotación laboral con tasas insoportables de siniestralidad, precariedad e inseguridad laboral; y manipulación mediática avalada por las estructuras financieras y empresariales que drenan las redacciones privadas y públicas de radio, prensa y televisión). Borrascas ácidas que se ciernen sobre la humanidad al desprenderse de un frente de corrientes ideológicas neoliberales constantes y enérgicas; inestabilidades en todo caso para la condición humana que tenemos la obligación de disipar elevando montañas de ideas, discursos claros, conceptos elementales (por ejemplo, solidaridad en primer lugar, o revolución según la idea de Fidel Castro –como “sentido del momento histórico”) y propuestas allí donde tengamos la posibilidad de hacerlas valer (que es en todos los lugares), y que modifiquen la orografía política con objeto de condicionar la hasta ahora contaminante y ya insoportable meteorología neoliberal. Toda acción pedagógica tiene que contar en su base de la predisposición que resulta necesario establecer de forma previa a la ejecución de cualquier proyecto político (y el que ahora nos reúne va, sin duda alguna, y como en la presentación del diseño de Convocatòria Ciutadana acertadamente se detalló, más allá de 2011 por su propia naturaleza). Esa predisposición viene en estos momentos dada por la autoridad que el discurso social y democrático ha adquirido ante la crisis del modelo preconizado desde el neoliberalismo y que se concretó en el País Valenciano en un PSOE raptado por sus guiños al neoliberalismo anti político/antidemocrático que han acabado por sustraerle de toda legitimidad y credibilidad en el discurso, y que se concreto, además, en un PP que fomentó el ultraliberalismo que, con la ayuda de un proyecto de fastización y conservadurismo social, ha aplicado y aplica el gran proyecto ideológico que supone el modelo de sociedad egoísta, disgregador y destructor de las instituciones de gobierno democráticamente erigidos sobre quien es titular de la soberanía: todos y cada uno de los ciudadanos. Un pueblo, sin embargo, distraído y vencido a fuerza de convencimiento mediático, ideologización permanente de forma encubierta bajo consignas de falsa imparcialidad y objetividad que devienen lo posible – lo ideológico- en real, en verdad; un pueblo enajenado y sumido en el realismo escéptico e inhibidor de la acción social como fundamento del cinismo y la erosión democrática. Este escenario, así asumido implicaría asumir que EUPV tan sólo debiera esperar a que este modelo caiga para saltar al escenario político, no por derecho propio, sino por caída ajena. Sin duda alguna ello no es ni debe ser así: va contra la naturaleza de nuestro proyecto. Máxime cuando el pueblo valenciano nos está haciendo cada vez más responsables y nos exige una respuesta al darnos un tendencialmente creciente peso electoral y al encontrar nuestro discurso un encaje natural en la realidad social, económica y política que denunciamos, y que cada vez da mayores muestras de su esqueleto, que venimos desvelando reiteradamente.
El trabajo planificado, diseñado, organizado y ejecutado desde EUPV en conexión con los colectivos de distinto nivel (comarcal / local) propios de la organización y en conexión con la sociedad (sindicatos y movimientos sociales), ofrece desde el principio garantías de éxito. Y así está siendo, cosa que nos obliga a un esfuerzo individual por parte de quienes, ocupando posiciones de responsabilidad en la organización, tenemos la obligación de atender con mayores cuotas de trabajo y responsabilidad el papel que ejercemos por honestidad y convencimiento. Todo ello nos ayudará a posicionarnos en la vanguardia de la ética política y la acción colectiva, sobre todo cuando, como señala A. Dorna (1997), “en las sociedades complejas toda crisis profunda se acompaña de un bloqueo de las elites gobernantes. El pueblo–elector deja de creer en ella y un sentimiento de callejón sin salida corroe la confianza en las instituciones republicanas. La psicología del fascismo nos enseña que el miedo anida en la duda y la espera. La sensación de morosidad hace que las bases fundadoras (morales) del régimen democrático se vuelvan vulnerables”. La tendencia al alza en la intención de voto declarado y estimado hacia EUPV en los últimos meses, contribuye a generar ese acto de pedagogía que según nuestro ideario y compromiso cívico y democrático pleno y permanente, debe acompañar a cada política, a cada decisión y a cada declaración por coyuntural que parezca o precise ser. En cualquier caso, muy probablemente fuera suficiente con homenajear (de forma sobradamente merecida) el trabajo realizado desde la dirección de EUPV para que la orientación tomada no se pierda, y en su caso se refuerce. Del mismo modo, puede asumirse que, efectivamente, no cabe más esfuerzo que el de referenciarse en el basamento ideológico que la literatura comunista de los siglos XIX y XX (también precedentes, salvando distancias conceptuales, filosóficas y temporales, del XV –Utopía: Tomás Moro- o del XVII –Ciudad del Sol: Campenella- sin contar con los del S. IV a. J. C. de Platón y precedentes) ponen a nuestra disposición, en cuanto que nociones desde las que desprender propuestas aplicables a un escenario capitalista basado en las mismas prescripciones del S. XVIII, y tan sólo actualizadas por la ferocidad de la acción capitalista perfectamente asumida por las bases ideológicas presentes en cada Estado y comunidad política e institucional. La ventaja, en cualquier caso, de este discurso es el de constar con referentes autorizados y legitimados por dichas bases y perfectamente identificados (FMI, Premios Nobel neoliberales y caciques territoriales mediante Presidentes de Gobierno o de regiones infra estatales) con permanente presencia social frente a los referentes alternativos mediáticos e ideológicos. Tenemos un bagaje que con la propia acción cotidiana ha de ser alegado y que con esta propia acción es a cada instante perpetuado y construido, pues es sabido que el trabajo hace la voluntad.
A partir de este instante, deberemos condicionar el eclipse entre los argumentos autonómicos y los locales que alineen las direcciones de cada uno en una convergencia del voto, y de este modo evitar también, de cara al futuro la ausencia de apoyos mutuos entre la legitimación electoral de ambos niveles (municipal y autonómico) cuando alguno de los dos pueda fallar. Ello requiere una creciente y continuada presencia (no sólo en periodo electoral) de nuestros diputados y miembros de la dirección (Coordinadora General y Secretarios/as) en nuestras comarcas y localidades con objeto de fraguar esa identificación y reforzar los vínculos base militante-base social / organización.
Contamos, en cualquier caso, con una cultura política que beneficia la acción sin suplantar a la reflexión; que hace del debate democrático la base de la cohesión para una mayor seguridad e inmediata ejecución de lo decidido. Contamos con que, como señala el camarada Daniel Monzó, “si cruzamos una vez el desierto, ¡cómo no cruzarlo otras tantas!”. Y contamos con la idea de que ante la inmensa labor de transformar el mundo, podemos recurrir a una noción según la cual, como señalara Durkheim, “no hay uno de ellos (comunistas) que no considere fácilmente realizables sus concepciones; por utópicas que puedan parecernos, para sus autores no lo son. Y es porque piensan impulsados, no por su sensibilidad privada, sino por aspiraciones sociales que exigen una satisfacción eficaz y que no podrían contentarse con simples novelas, por seductoras que sean”. O, lo que resulta si cabe más atractivo para nuestra intención: “el comunismo cabe por entero en un tópico de moral abstracta, que no es de ningún tiempo ni de ningún país. Lo que pone en tela de juicio son las consecuencias morales de la propiedad privada en general (…) Se propone estimar el valor moral de la riqueza in abstracto, y se niega (…) (Durkheim, 1928).
Toda misión política de corto o medio alcance (como la que puede representar la electoral o institucional que en este momento nos reúne) no es sino una parte de ese otro inmenso iceberg que frente al del analfabetismo y el cinismo político que principiaba nuestra reflexión, se eleva ahora en el mar de la posibilidad y la necesidad de otro mundo, drenado por ese caudal que, siendo necesario, habrá de ser alimentado por nosotros con flujos constantes de compromiso, trabajo y convicción.
Salud y República.